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Versión en español. Original en portugués

El Brasil que emerge de las urnas

Artículo en Correio Braziliense, el 08/10/2018, sobre el escenario político brasileño tras la primera vuelta de las elecciones de ese año.

Traducción del texto original.

EL BRASIL QUE EMERGE DE LAS URNAS

Por Fábio Medina Osório

Abogado, Exministro de la Abogacía General de la Unión

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La victoria de Jair Bolsonaro en la primera vuelta, aunque no definitiva, y de novedades en el escenario electoral, como el exjuez federal Wilson Witzel en Río de Janeiro, demuestran el anhelo de cambios de la sociedad brasileña.

Las elecciones de 2018 generan dudas sobre la metodología de los institutos de encuestas. Ya en 2014 hubo fallas. Sin embargo, este año los errores fueron mayores. No hay excusas. Las estadísticas deberían perfeccionarse. Los errores superaron los márgenes tolerables. Es necesario repensar un sistema de controles más consistentes y con mayor transparencia. ¿Se graban las llamadas telefónicas? ¿Se filman todas las entrevistas?

Un balance general revela un nuevo escenario en Brasil. Y me parece que ese contexto es positivo, pues traduce sentimientos de cambio de la sociedad en sintonía con la agenda internacional de liberalismo económico, combate a la criminalidad violenta y repudio a la corrupción.

Las elecciones demostraron la solidez de la democracia brasileña, contrariando el discurso de quienes intentaron manchar la imagen de Brasil en el exterior, llamando golpista a nuestro país. Los procesos de impeachment son normales e incluso comunes en cualquier democracia contemporánea, pues reflejan la concreción del principio republicano. Tras pasar por el impeachment de la expresidenta Dilma Rousseff, llegamos a las elecciones en absoluta normalidad institucional.

Forma parte de un proceso electoral el intercambio de acusaciones entre los candidatos. Las críticas recíprocas siempre ocurren. Resta evaluar el saldo de ese juego.

Una de las sospechas lanzadas contra Bolsonaro fue la etiqueta de dictador o enemigo de la democracia. Ese ataque no prosperó, pues su candidatura fluyó dentro del sistema electoral y en el curso de las reglas del juego democrático.

Escogieron declaraciones aisladas del candidato, auténticas “bravuconadas”, proferidas fuera de contexto, para intentar desconstruir su imagen. Si fuera racista, o realmente un “criminal” en materia de género, ya habría sido condenado en algún proceso por discriminación o prejuicio en el ámbito penal.

Se llegó a plantear, de modo equivocado, la imposibilidad de que miembros de las Fuerzas Armadas ejerzan funciones civiles o se postulen a cargos públicos. Quien sostiene semejante tesis desconoce la Constitución de 1988. Por lo demás, las Fuerzas Armadas tienen cuadros extremadamente calificados para contribuir en las más diversas áreas civiles del gobierno.

Dígase que la magistratura y el Ministerio Público brasileños también tienen personas que pueden contribuir al crecimiento de Brasil. E igualmente empresarios, y otros funcionarios de las más diversas carreras deben participar de la vida pública. Es decir, estamos viviendo nuevos tiempos. ¿Quién sabe si los ciudadanos no empiezan a participar más activamente de la vida política nacional?

El discurso de Bolsonaro abrazó las agendas correctas de combate a la corrupción y de liberalismo económico, además del fortalecimiento de la seguridad pública. Su lenguaje, así como el de sus aliados, recorrió las redes sociales. Quizá su mayor activo haya sido la autenticidad en el contacto con el elector. La espontaneidad en las relaciones sociales, en estos nuevos medios de comunicación, sustituye lenguajes arcaicos de propaganda electoral.

En ese mismo contexto, se observó un agotamiento del modelo de gobierno de aquellos blanco de la operación Lava Jato. No se pueden subestimar los efectos de esa operación anticorrupción – una de las mayores del mundo – en la arena electoral. La sociedad brasileña percibió cuánto afecta la corrupción a políticas públicas esenciales para la salud, la educación, la seguridad pública, la industria del turismo, la erradicación de la pobreza.

Uno de los elementos que más deteriora las democracias contemporáneas es la corrupción y la mala gestión pública. Bolsonaro y nuevos políticos como Wilson Witzel traen esperanza a la población brasileña y llegan con enormes desafíos por delante en la segunda vuelta, cuando enfrentarán fuerzas poderosas agrupadas en alianzas.

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales impone una nueva lógica política, pero la mayoría de la sociedad brasileña ya manifestó su pensamiento en cuanto a la agenda anticorrupción. Políticos como Álvaro Dias, Geraldo Alckmin, Henrique Meirelles, João Amoêdo y Marina Silva, que se preocupan por el combate a la corrupción, ciertamente necesitarán adoptar una posición clara ante sus electores. Será preocupante la ambigüedad en esta coyuntura histórica. Y esa agenda favorece cambios.