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Versión en español. Original en portugués

El mercado del escándalo y las noticias falsas

Artículo sobre el mercado del escándalo y las noticias falsas en la opinión pública contemporánea, Folha de S. Paulo, 2018.

Traducción del texto original.

El concepto moderno y sociológico de escándalo está ligado a la opinión pública, vinculado al surgimiento de la prensa y de los medios de comunicación social. En el mundo contemporáneo, el escándalo es parámetro de funcionamiento de las instituciones y del propio mercado.

En ese sentido, el concepto de escándalo adoptado por John Brookshire Thompson presupone transgresiones reveladas por los medios de comunicación que impactan en la opinión pública y afectan la reputación de los transgresores.

Se trata de transgresiones que pasan a ser exhibidas por los medios de comunicación y que generan una especie de conmoción pública, pues antes eran desvíos secretos.

Al mismo tiempo, socavan la reputación de los supuestos transgresores. Como consecuencia o incluso parte integrante del concepto de escándalo, hay una respuesta pública intrínseca, que es la propia indignación, la repulsa, la estigmatización de los involucrados.

Para Thompson, no somos receptores pasivos de los medios de comunicación, sino constructores del medio social en que vivimos.

Actualmente, los procesos judiciales constituyen, especialmente cuando son divulgados, una especie de penalidad autónoma, en la medida en que afectan la reputación de las personas, físicas o jurídicas.

La prensa libre, las nuevas tecnologías y la creciente vigilancia de los ciudadanos sobre las transgresiones aumentaron considerablemente el espectro de los escándalos en el siglo XXI. Se habla de una apuesta de ciertos medios por la movilización de los sentimientos colectivos y de la conmoción social, inclusive en los resultados de la polarización, para incrementar el consumo masivo.

La movilización de emociones es fundamental, característica central de nuestro tiempo. La libertad de expresión del pensamiento sigue siendo uno de los pilares de las democracias contemporáneas, y no creo en su restricción como remedio para contener desvíos, sino en el principio de responsabilidad y en la pluralidad de las fuentes informativas.

Ya el control de la corrupción y de la mala gestión pública adquiere importancia creciente en los debates sociales y en las agendas globales de inversores y en la evolución de las civilizaciones.

Empresas envueltas en escándalos pierden miles de millones en poco tiempo en el mercado accionario . Candidatos en procesos electivos entierran sus carreras políticas en razón de acusaciones presentadas en la Justicia. Ministros no son nombrados por responder a acciones laborales , aunque la ley así no lo exija, frente a un ejercicio arbitrario del poder.

Hay aciertos y desaciertos en esos controles, que no siempre son correctamente fiscalizados por los propios medios de información y formación de la opinión pública.

¿Cómo se pueden perfeccionar esos mecanismos de actuación de las instituciones y contener los abusos? Me parece que la prensa escrita y audiovisual podría asumir un protagonismo de mayor calidad en la producción de noticias consistentes, chequeando reportajes y desempeñando un papel cada vez más transformador y republicano en nuestra sociedad.

No basta replicar lo que dicen los órganos de Estado; es necesario recordar que existen altos índices de procesos punitivos juzgados improcedentes por fallas investigativas.

La prensa puede trabajar más con estadísticas. ¿No debería perfeccionarse el instrumento de la colaboración premiada? ¿Alguna estadística sobre sus resultados?

Muchas acciones penales o de improbidad aún se interponen con base en leves indicios, justificándose en el principio del “in dubio pro societate”. ¿Es correcto ese estándar de exigencia? ¿Por qué razón el Ministerio Público luchó tanto para afirmar su poder investigativo en la Constitución Federal?

Si una investigación no agota la materia probatoria, ciertamente en juicio será inviable avanzar. Los procesos punitivos deberían ostentar plausibles posibilidades de éxito para tramitar en la Justicia, pues gastan el dinero de los contribuyentes y sirven para destruir la reputación de las personas y volver aún más lento al Poder Judicial. Es el momento de avanzar, sí, pero con autocrítica y humildad, para que las instituciones se perfeccionen en su conjunto.

Fábio Medina Osório

Abogado, fue ministro jefe de la Abogacía General de la Unión (2016, gobierno Temer)