Fábio Medina Osório, para “O Tempo”: “Combate a la corrupción en tiempo real”
Artículo en 'O Tempo', del 03/01/2019, sobre el combate a la corrupción y a la ineficiencia por los nuevos gobiernos electos.
Traducción del texto original.
Los nuevos gobiernos asumieron compromisos importantes, comenzando por el combate a la corrupción y a la ineficiencia endémica que contamina la máquina pública. No por casualidad, la renovación fue radical, eligiendo candidatos que defendieron discursos liberales en la economía, duros en el sector de la seguridad y austeros en las finanzas públicas.
La sociedad por fin demostró repudio a la demagogia, al populismo y a las fichas sucias. Fueron premiados aquellos que privilegiaron la autenticidad, presentando programas de gobierno compatibles con los anhelos más urgentes de la población.
Se identificaron algunos pilares estructurantes de los nuevos tiempos: combate a la corrupción, eficiencia económica y contención de la violencia urbana. Pero el mayor foco de desperdicio de recursos públicos reside en la incompetencia administrativa, un cuello de botella que representa una oportunidad permanente para actos de corrupción.
Trasplantar paradigmas de eficiencia del sector privado es un paso necesario, pero insuficiente. Estimular la meritocracia, producir reformas, entender la lógica de lo público y lo privado, estudiar modelos comparados y percibir las diferencias, todo eso es indispensable para fortalecer mecanismos anticorrupción, fomentar la gobernanza corporativa, la gestión de riesgos y el compliance (prevención interna).
Hay tratados internacionales que deben ser observados en las relaciones públicas y privadas, pero raramente lo son en países como Brasil, donde todavía impera la inseguridad jurídica, lamentablemente.
Las relaciones entre lo público y lo privado aún son opacas en Brasil, lo que permite favoritismos. Las instituciones fiscalizadoras que actúan sobre un mismo hecho, pero a la luz de criterios distintos, entran en conflicto. Es preciso repensar el modelo de control, para que los inversionistas nacionales e internacionales tengan una agenda más previsible.
La adhesión de Brasil a los compromisos normativos de combate a la corrupción induce la idea de crecimiento económico y de una ola muy fuerte de inversiones en Brasil y en los Estados alineados con la misma mentalidad del gobierno federal. Esa necesidad deriva de una ola histórica que se remonta a los años 60, cuyo inicio tiene orígenes en la FCPA (Ley Anticorrupción norteamericana para relaciones con el exterior), que se irradia de modo irreversible al universo internacional.
Legislaciones similares surgieron en otros países, de tal suerte que los negocios globales se sometieron a esa lógica económica y jurídica inevitable. Al mismo tiempo, las instituciones de control pasaron a cooperar en tiempo real, a partir de tecnologías avanzadas, inteligencia artificial, alcanzando ilícitos transnacionales a velocidad digital.
En estos nuevos tiempos, la sociedad gana mayor espacio de fiscalización y participación para poder controlar a los gobernantes. Y no es un fenómeno restringido a Brasil, sino global. De ahí que las ideologías también se derritan, prevaleciendo discursos más pragmáticos, orientados a la satisfacción de necesidades concretas de la sociedad.
Fábio Medina Osório es abogado y exministro de la AGU (Abogacía General de la Unión)